viniste desde un recóndito huerto mercadeaste con zanahorias ofreciéndote en cesta de mimbre, has sido pesada en balanza pequeña vendida en solitario como una reina, disfraz de Nazareno es tu piel y al desnudar tu cárdeno cuerpo amanece tu blanca carne que deposito sobre un aceitoso lecho con tu séquito de calabacines que forman contigo un ejército invencible que será vencido en mi boca disuelto en mi boca digerido transformado en sangre vivido
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